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De lo aprendido en el curso de Mindfulness

29 Octubre, 2019

Por Laura Centeno, Directora de la Oficina de Desarrollo Profesional de LEAD University

Recientemente realicé el curso de “Mindfulness” (atención plena del presente) para la Gestión de las Emociones. Me di cuenta de muchísimas situaciones que me generaban estrés por no estar plenamente consciente de lo que ocurría a mi alrededor y que me llevaban a meterme en uno o varios problemas, los cuales además, convertía en catástrofes graves por ansiedad y sobre-preocupación.

Por ejemplo, todo lo que no apunto en Outlook se me olvida, mi memoria es de corto plazo cuando he andado por la vida con el “piloto automático encendido”, he sido una mamá algunas veces frustrada que sigue aprendiendo a prueba y error, con un hijo adulto que no sé ni cómo sobrevivió con esta madre despistada adolescente y actualmente sigo con la crianza de mi adolescente con todas las irreverencias habidas y por haber.  He sido adicta al dulce y, a la vez, le tengo pánico a la báscula. La paciencia no ha sido mi mayor fortaleza: he manejado temerariamente sin pensar en las consecuencias (hasta después de 4 accidentes leves en menos de 3 meses). Odio los quehaceres domésticos pero el desorden me saca de quicio y durante esos ratos me enojo con este mundo tan injusto con las mujeres, madres, trabajadoras, estudiantes, deportistas y XYZ de cosas más... Me he preocupado y sufrido por todo lo malo que podría suceder y al final no sucedió y cuando sí sucedió, con el tiempo me di cuenta de que no era tan catastrófico como pensaba.

Gracias al mindfulness” (atención plena del presente), he sido capaz de reconocer todo lo anterior y decidí hacer las paces conmigo misma para no autocastigarme por una perfección utópica impuesta por mí y la sociedad. No debemos competir contra todos en una carrera hacia un éxito inventado por terceros sin sentirnos verdaderamente plenos con lo que hacemos, lo que somos y lo que tenemos.

Con ayuda de la familia, apoyo psicológico, bibliografía sobre el tema, pero especialmente con la guía profesional del curso formal en LEAD University de “Mindfulness” para la gestión de las emociones, he visto un cambio muy  positivo. Ahora, a mis 40 años, estoy empezando a dar mis primeros pasos en la aceptación de mis errores, culpas, miedos, complejos y fracasos sin juzgarme; con humildad para reconocerlo y lo más importante, el propósito de mejora continua para mi bien y de quienes me rodean.

Una vez que tenemos claro que no somos perfectos, pero observamos con atención plena de forma introspectiva todo lo que podríamos mejorar, estamos dando ese primer paso con el pie derecho. Yo realizo dos prácticas de meditación al día a pesar de muchos distractores, excusas por falta de tiempo y situaciones que restan la calidad a mi espacio, pero es parte de lo que uno debe acostumbrarse. Aquí les comparto lo observado en mis 16 semanas de práctica diaria de “Mindfulness” para vivir mejor:

 

  1. Dar las gracias por TODO: Por respirar, por nuestros seres queridos que nos acompañan en las buenas y en las malas, por la gente que viene, la que se va y la que se queda y hasta los enemigos que nos retan a ser más fuertes. Por la dicha de tener un trabajo en donde aportamos nuestro esfuerzo a nuestra familia y contribuimos con el bienestar del país. Cuanto más agradecidos seamos, más conscientes de lo privilegiados que somos, en vez de vivir sufriendo por las carencias que tenemos.
  2. Convertir la meditación en un hábito diario:  Todos necesitamos hacer una pausa, al menos dos veces al día para conectarnos con nosotros mismos, empezando por la respiración consciente, aceptarnos, reconocer nuestros sentimientos y pensamientos sin juzgarlos, escanear nuestro cuerpo para relajar los músculos contraídos por el estrés, pensar en un propósito importante que está dentro de nuestro “refugio interno del corazón” visualizando lo satisfechos y felices que seremos cuando logremos alcanzar ese anhelo; como dice la profesora del curso de “Mindfulness”, Vanessa Cavallini.
  3. Hacer ejercicio regularmente: El cuerpo está diseñado para moverse. Ser sedentario nos atrofia por dentro y por fuera. Cuando nos ejercitamos se liberan las endorfinas que nos dan paz y felicidad. Cuando no nos movemos, acumulamos estrés, grasa, nos empezamos a sentir mal física y mentalmente. Si logramos vencer la pereza, y poner el cuerpo a trabajar como un hábito regular, estamos sumando calidad de vida.
  4. Descansar: Nos merecemos dedicar de vez en cuando un día de completo ocio y disfrutarlo (sin culpas, sin listas de pendientes y sin reloj).  ¿Cómo?, jugando cartas, leyendo un libro, viendo una buena película, caminando por el barrio, cocinando algún antojo y compartirlo con seres queridos, tomando una siesta (aún mejor si llueve en la tarde), disfrutar un chocolate caliente y andar con pantuflas en casa sin peinarse. Tenemos que darnos permiso para equilibrarnos, cargar las baterías y seguir adelante.
  5. Comer bien:  Menos sodio, grasas saturadas, azúcar y carbohidratos simples y más alimentos sin procesar, ingredientes frescos, altos en fibra, proteína, buena hidratación y bastantes vegetales. Un plan de alimentación que no sea demasiado restrictivo para no someter al cuerpo a atrofiar el metabolismo por sufrir de hambre, ni demasiado excesivo para no enfermarnos. Si en algún momento decidimos comer algo fuera de nuestro plan, hagámoslo en ocasiones especiales, y sin culpas.
  6. Disfrutar HOY: Que el ayer sirva solo para aprender lecciones y que el mañana sea para convertirnos en una versión mejorada de nosotros mismos. No aspiremos ser como otros, aparentar lo que no somos y desear lo que no tenemos. No continuemos pensando en ese pasado que no podemos cambiar ni estemos preocupados de qué sucederá mañana. Si realmente estuviéramos disfrutando el presente valoraríamos más una buena conversación con nuestros amigos con suficiente café y sin tanto celular de por medio. Hay muchos pequeños placeres que no tienen costo pero que muchas veces pasamos inadvertidos.
  7. Aceptar lo que no podemos cambiar: La vida no es perfecta y muchas veces tampoco es justa. Por eso en algunos casos debemos dejar de nadar contra la corriente y dejarnos llevar por lo que tenga que suceder, fluir y aceptar lo que no está a nuestro alcance en cambiar. No podemos modificar el pensamiento de los demás, obligar, presionar, exigir y controlar a los demás. Es demasiado desgastante. Esto no quiere decir que debemos de rendirnos ante las causas justas por las que abogamos, se trata de elegir las batallas que valgan la pena.
  8. Respetar:  Nuestros principios, valores y creencias y las de los otros sin llegar a niveles de intolerancia y odio por las opiniones que no están dentro de su sistema de valores.  Si no tenemos nada bueno que decir, es mejor callarnos. Hay que respetar las decisiones de los demás. Tratar a los otros como deseamos ser tratados. Si queremos persuadir para convencer, hay que hacerlo con inteligencia, diplomacia y sobre todo, tacto. Por las malas, nadie entiende.
  9. Pedir ayuda y ayudar: Como no somos super héroes, debemos tener la humildad de pedir ayuda cuando sea realmente necesario, sin victimizarnos ni abusar de la bondad del prójimo. Cada vez que alguien se nos acerca para pedir un favor, no lo veamos como algo negativo, aunque muchas veces la gente se acuerde de nosotros solo cuando necesita algún favor. A pesar de eso, si nos piden ayuda, ayudemos, que para eso estamos en este mundo y cada buena acción que realicemos nos llena de satisfacción y aporta valor a nuestro propósito de vida.

La autoaceptación no siempre es fácil, se requiere humildad, disciplina, paciencia, determinación para ir mejorando y ante todo mucha práctica. Yo estoy empezando en este camino de vivir el presente, no ha resuelto todos mis problemas, pero sí tengo una mejor calidad de vida y paz, ¿y vos?.

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